1999
Sobre mi mejor amigo.
La última vez que vi a mi amigo Álex llevábamos los dos unos chándales de Adidas y estábamos sentados en un banco cerca de su casa. Teníamos diecisiete años y nos conocíamos desde los cuatro, habíamos coincidido en varios colegios alemanes diferentes a lo largo de nuestras vidas. Nos habían expulsado de dos de ellos por mal comportamiento y destrucción de la propiedad privada.
Siendo adolescentes, en Madrid, nos dedicábamos a patinar, a leer tebeos y a romper cosas. Íbamos a la parte de atrás del centro comercial, juntábamos unos cartones, les pegábamos fuego y armábamos una hoguera para ver si conseguíamos que las llamas llegaran más alto que la última vez. Nos quedábamos sentados en la hierba, contemplando los cartones arder, sin decirnos nada.
Álex era del Oviedo por su padre, sus jugadores preferidos eran Oli y Víktor Onopko, el central calvo. Jugábamos al Doom II y escuchábamos a Pantera todo el rato, Phil Anselmo era lo máximo para nosotros. Teníamos un lenguaje en código basado en frases que repetíamos de discos y películas. Decíamos «esto tiene un valor químico superior a 101» porque lo decían en Akira. Nos pedíamos una hamburguesa en el McDonalds y estaba asquerosa y Álex decía «esto tiene un valor químico superior a 101». O, si no entendíamos algo en clase, decíamos «los discursos de Lenin están mal traducidos», por una canción de Def Con Dos. En una cinta que nos grabó su hermano había un tema de Esplendor Geométrico, «Chile al día», en el que se sampleaba la voz de un hombre que no paraba de repetir «chileno, no estás solo». Cuando alguno de los dos suspendía un examen o le pasaba cualquier desgracia, el otro le ponía la mano en el hombro y repetía «chileno, no estás solo». Y nos partíamos el culo.
Pasé casi diez años sin verlo. Murió en 2010, escalando una montaña en Perú, se lo llevó una avalancha. Llevaba varios meses en Sudamérica, escalando con un compañero. El salto que pegué entre recordarlo fumando maría tirado en el suelo de casa, a enterarme de que se había hecho alpinista profesional y acababa de morir en Perú, no fue pequeño. Supongo que él también fliparía si supiera que sigo escribiendo.
A veces me acuerdo de cosas que vivimos juntos, sin que hubiera nadie más presente, y me pregunto si sucedieron de verdad. Como no puedo llamarlo por teléfono ni quedar con él, no tengo forma de estar seguro. Recuerdo estar en una fiesta con Álex y más gente y mirar a una chica que me gustaba mientras pensaba que todas las personas que me rodeaban eran de una belleza incalculable menos yo, que era lo peor y no valía nada. Cielos azules y el fuego en los brazos, se te cierra un nudo en la garganta. Echa un vistazo antes de que todo pase, no dura ni medio segundo.
Hace poco se me ocurrió buscar su nombre en Google y di con un blog suyo en el que había ido contando sus expediciones, las montañas que escalaba. La entrada más reciente empezaba así: «Con sus 4300 km de largo, Chile es un país de contrastes. Desde los desiertos y el altiplano del norte hasta los glaciares y los fiordos del sur. Cuenta con innumerables volcanes a lo largo de la cordillera andina, algunos de ellos aún activos y otros durmientes». Supongo que de Chile fue a Perú y ya no tuvo tiempo de escribir más en el blog.
La última vez que nos vimos echamos la tarde hablando de fútbol, música, drogas y una visita al médico que acababa de hacer porque le dolía la parte de atrás de la rodilla.
—Se llama corva eso —dijo Álex.
—Lo de atrás de la rodilla —dije yo.
—Sí, sí. La corva. No tenía ni idea. Buah. Suena mazo raro. Corva.
—Parece un personaje del Dungeons & Dragons.
—O de una peli de miedo. El Doctor Corva. Tiene el sótano lleno de niños secuestraos. Corva el Griego.
—Obliga a sus víctimas a que le acaricien las corvas.
—Es un vampiro, vive por Ventas. Lo invitas a casa y te muerde las canillas.
—No se acuerda nunca del cumpleaños de su madre. Lleva diez años que no la felicita.
—El puto Corva.
Cuando eres joven, los amigos van y vienen. Se acaba el instituto y te despides de la mayoría. Algunos van a la universidad, otros forman una familia, otros se obsesionan con los realities de la tele y a otros se les vira la tortilla y arrancan a escalar montañas en Sudamérica. Tus amigos se desvían de tu camino, desaparecen. Y tal vez creas que no vas a volver a verlos jamás, pero te equivocas, chileno. No estás solo. Los vas a seguir viendo todos los días del resto de tu vida.
El putísimo Corva.



Mi favorito tuyo siempre 🤍
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