Old Spice
Sobre una amistad pasajera, pero bien poblada.
Había un chico en clase de séptimo de EGB que tenía un musguillo raro en la zona del bigote. Era como un velcro fino, un mostacho entero, como de vagabundo de cuento de hadas. Al chico lo llamaban Old Spice por la crema esa para después del afeitado que ni siquiera sabíamos cómo funcionaba, pero en realidad se llamaba Ramón de la Raspa, tenía doce años y venía a jugar a casa de vez en cuando. Nos conocíamos de siempre. Cada día cruzaba el pobre Ramón por el pasillo del colegio y la gente susurraba «Old Spice...» y los más abusones lo encaraban y decían cosas como «Eh, Ramón, ¿afeitarte todos los días te tiene quemao?», o «¿Notas el fresco auténtico?», que eran frases que decían en los anuncios, y lo empujaban por las escaleras. Nunca entendí por qué lo empujaban o le daban calmantes en el hombro con el puño cerrado, unas hostias espantosas, lo que dolía eso. Suficiente tenía con escuchar las risas o con tener un bigotín gris claro a los doce años. Ramón agachaba la cabeza y con ella el mostacho y seguía caminando a paso ligero imagino que con la idea de llegar al futuro lo más rápido posible. Yo le decía que se lo afeitase, pero él negaba con la cabeza y respondía que su padre se lo había prohibido. «Dice que si me lo quito luego me sale más fuerte».
Cuando nos juntábamos en su casa comíamos croquetas de queso, nos viciábamos a la Super Nintendo, sobre todo al Megaman, y preparábamos partidas de rol de los Reinos Olvidados que luego no jugábamos nunca porque nos hacían falta más personas y no conocíamos a nadie que quisiera jugar a eso.
Ramón era muy inteligente pero lo pasaba fatal en clase. Un ratón de campo que asoma la cabeza por la entrada de su escondite para ver la luna. Suspendía casi todas. En los recreos jugábamos a las chapas con otros niños, pero Ramón apenas tenía amigos, todos se metían con él. Su chapa llevaba pegada por dentro una fotito de Marco Pantani.
Con ocasión de unos carnavales, media clase se compinchó para humillar a Ramón y compraron bigotes falsos y botes de Old Spice. Esa mañana aparecieron en el cole veinte personas disfrazadas de esa guisa y así se mantuvieron durante una mañana entera. Era como cuando un niño tiene cáncer y está calvo y el resto de la clase se rapa para estar calvos a su lado, pero en plan mal. En plan muy mal. Los profesores también se reían y se probaban los bigotines. A todo el mundo le pareció una idea buenísima.
Una vez nos invitaron a los dos al cumpleaños de Joseba, uno que era malísimo. La casa estaba al lado del Museo Geominero y tenía un jardín pequeño. Nada más llegar al sitio, los otros invitados empezaron a vacilar a Ramón. «Old Spiiice, estás to frejco», «El aroma de un hombre...», «Spicyyy», etc. En el jardín había un árbol hecho un cisco y Joseba nos dijo que debajo de la resina, si se seguía rascando, se sacaba sangre. Nos dijo que los árboles tenían sangre metida. Un chaval se acercó a Ramón por la espalda y le pellizcó en la cara con una pinza de colgar la ropa mientras gritaba «¡Ooold Spice!» Los otros se tiraron en ese plan la tarde entera, poniéndose el dedo debajo de la nariz simulando un mostacho, haciéndole gestos como de cortárselo con unas tijeras, cosas de esas. Cuando ya estaba anocheciendo, a Ramón se le acabó la paciencia, fue a la cocina de la casa, agarró del mármol un cuchillo jamonero, volvió al salón y empezó a agitarlo contra nosotros como un director de orquesta. Estaba a unos cinco metros, pero como esos cuchillos son tan largos parecía que nos iba a trinchar. Nos tenía acojonaos. La madre del Joseba le dijo que lo soltase pero Ramón no le hizo ni caso, se dio la vuelta, tiró el cuchillo contra la tele y salió corriendo hacia el jardín. No le volvieron a invitar a nada nunca más.
Al año siguiente Old Spice se cambió de ciudad porque destinaron a su padre a una filial de la empresa en Huesca. Hablamos por teléfono un par de veces y me dijo que estaba bien y que era como volver a nacer. Hace poco lo busqué en Facebook y vi que salía en una foto con dos bebés calvos recién nacidos que parecían dos melones cantaloupe. En la imagen parecía feliz, estaba recién afeitado.



Ramold spice 🥺
Qué lindo